El rostro cincelado de Yákov Dzhugashvili, el hijo «cobarde» de Stalin

02/01/2014
Yákov Dzhugashvili

Yákov Dzhugashvili

El prisionero no quiere cruzar la mirada con la cámara del reportero militar nazi. Tiene pómulos cincelados por el hambre y el frío y va vestido de civil aunque es teniente de artillería del Ejército Rojo de la URSS. Acaba de ser hecho prisionero por los invasores alemanes en la batalla de Smolensk. Es el 16 de julio de 1941 y Hitler había ordenada iniciar, un mes antes, la Operación Barbarroja, la «guerra de Europa contra Asia», como gustaba de llamarla el jerarca alemán, siempre dado a disfrazar con símiles tan grandilocuentes como idiotas sus ínfulas imperiales

    Yákov Dzhugashvili, entre nazis

Yákov Dzhugashvili, entre nazis

Yákov Dzhugashvili, el prisionero, es el hijo mayor de Iósif Stalin, presidente de la URSS, el otro gran tirano europeo de la época. Tiene 34 años, fue criado por unos tíos y nunca mantuvo relaciones con su padre, el hostil e insensible líder comunista con el segundo y tercer dedo del pie izquierdo unidos por una membrana, lo cual no significa nada especial pero añade al sanguinario personaje un sesgo grotesco y temible.

Las fotografías —existe otra de plano más abierto—, el nombre de cuyo autor no ha pasado a la historia, fueron empleadas por los nazis como elemento de propaganda en aquel momento de euforia en el que todavía no adivinaban la derrota final y el infierno de muerte, gangrena, tifus y derrota de Stalingrado. En las emisiones de radio para minar el ánimo de los soldados rojos y en los pasquines que arrojaban desde aviones decían: «¡Dejad de derramar vuestra sangre por Stalin! ¡Su propio hijo se ha rendido! Si él salva su vida no estáis obligados a entregar la vuestra».

Durante años los historiadores cuentan que Dzhugashvili había sido atrapado por los nazis y se negó a ser utilizado o recibir trato de favor durante la detención. Nunca miró a la cámara ni se dejó nazificar.

Dos años más tarde Stalin recibe una oferta personal de Hitler por mediación de la Cruz Roja. Los nazis estaban dispuestos a un intercambiar prisioneros: el hijo de Stalin por el mariscal de la campaña de Stalingrado, el derrotado Friedrich Paulus. «Un teniente no vale lo mismo que un mariscal», responde el líder soviético como respuesta.

El cadáver del hijo de Stalin

El cadáver del hijo de Stalin

El 14 de abril de 1943 Dzhugashvili muere entre las alambradas electrificadas del campo de concentración de Sachenhausen —donde los nazis asesinaron a unas 30.000 personas y llevaron a término, con la mano de obra de prisioneros selectos, la Operación Bernhard de falsificación masiva de divisas—.

La versión oficial dice que el teniente del Ejército Rojo se lanzó contra la alambrada con intención suicida. Los guardias del campo le dieron cuatro balazo. Existe una foto sumamente borrosa que muestra un cadáver descoyuntado.

En 2013 supimos que casi nada había sido así. Material de archivos oficiales rusos revelo que el hijo de Stalin se entregó voluntariamente a los nazis, que odiaba a los judíos —aunque estaba casado con una— y que tildaba a los líderes soviéticos como «estúpidos e idiotas». En el campo de prisioneros hizo buenas migas con internos ingleses y planeó una vida en Occidente tras la guerra.

La absurda broma de la historia es que Stalin siempre creyó en la rendición voluntaria porque consideraba a su hijo «débil, cobarde y sin voluntad». Hizo detener a Yulia Meltzer, la esposa de Dzhugashvili, a la que torturaron para intentar que confesase la «traición» de su marido. Los rusos nunca supieron que el hijo del líder estaba en manos de los nazis por la censura.

Las circuntancias de las muerte del soldado no están claras: algunos historiadores dicen que fue ejecutado de un tiro en la cabeza por negarse a obedecer órdenes y otros opinan que optó por el suicidio como respuesta a las atrocidades y crímenes masivos ordenados por su padre.

Foto de Dmitri Baltermants del cadáver de Stalin

Foto de Dmitri Baltermants del cadáver de Stalin

Las fotos de esta entrada —imágenes sucias, contaminadas por medias verdades y atrocidad y bendecidas por la inmensa realidad del rostro castigado del hijo del monstruo— necesitan el complemento de la imagen florida del cuerpo muerto de Stalin, fallecido el 5 de marzo de 1953 tras una apoplejía a la que siguió una agonía de varios días en los que abría los ojos furibundos y deseaba la muerte a quienes le rodeaban.

El cuerpo del asesino de masas, culpable de la muerte de entre tres y veinte millones de compatriotas (según quien haga la cuenta) fue embalsamado y colocado al lado del de Lenin. Allí permaneció, saludado como héroe por los marxistas y comunistas del mundo, también los españoles, hasta 1961, cuando lo enterraron en una ubicación cercana, bajo una estatua de mármol blanco. Nadie sabe dónde yace el cadáver de su hijo «cobarde».

[Escrito para Trasdós – 20 minutos]

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