Rembrandt Bugatti, el escultor que se suicidó tras la muerte de los animales del zoológico

22/03/2014

Laufender Panther (Panthère marchant), um 1904 - Privatsammlung - Foto: Peter John Gates

Laufender Panther (Panthère marchant), um 1904 – Privatsammlung – Foto: Peter John Gates[

Desde niño Rembrandt Bugatti supo que deseaba ser escultor. En los lujosos jardines de las casas de verano o invierno de la familia —el padre, Carlo Bugatti (1856-1940) fue uno de los más reclamados diseñadores de mobiliario del art noveau—, Rembrandt hacía figuras de arcilla o plastilina que asombraban a los adultos. A uno de los habituales del taller del padre, el escultor ruso (y príncipe) Pável Trubeskói, no se le escapó el talento natural del crío y lo tomó bajo su tutela.

Desde entonces, Rembrandt —a quien habían puesto el nombre como homenaje al maestro de la pintura barroca— no dejó de realizar trabajos, sobre todo relacionados con la fascinación que sentía por la naturaleza y, en especial, por los animales salvajes. Pasaba horas en el zoológico de Amberes y en el Jardin des Plantes de París. Expuso por primera vez a los 16 años en la capital francesa y luego en Turín, Venecia y Milán. Sus figuras de bronce de panteras y elefantes, de gran belleza y un realismo no carente de una moderna expresividad cinética derivada del cubismo, alcanzaron una gran fama porque nadie como él capturaba la esencia de los animales.

Aunque todo le sonreía —tanto a él como a la familia: su hermano mayor, Ettore Bugatti fabricaba en una factoría de la Alsacia los automóviles más codiciados del mercado de carreras y de lujo, los hoy míticos Bugatti—, al artista le esperaba, como a toda Europa, un destino de desgracia y dolor. Cuando estalló la I Guerra Mundial, se alistó como voluntario paramédico. Fue camillero y ayudante de enfermería en el hospital de la Cruz Roja de Amberes y algo se le empezó a romper en el alma con el trato diario con las víctimas del drama bélico.

Incapaz de esculpir y hondamente deprimido, el artista no pudo soportar una última tragedia: todos los animales del zoo de Amberes fueron sacrificados porque era imposible mantenerlos debido al esfuerzo bélico o trasladarlos a otro lugar más seguro. Para Bugatti aquello fue como el fusilamiento de todos sus amigos. El 8 de enero de 1816 cerró las ventanas de su apartamento, abrió todas las válvulas de gas y se dejó morir. Tenía 31 años.

Las 300 esculturas de pequeño tamaño —rondaban los 30 centímetros de alto y los 50 de largo— que realizó en vida son altamente valoradas por los especialistas y los marchantes. El estilo geométrico con que trataba el bronce otorga a los animales una sensación de movimiento y ruda elegancia que las hace incomparables y les otorga un altísimo precio en las subastas: en los últimos años se han vendido esculturas de Bugatti por entre 1,5 y 2,5 millones de dólares (entre 1 y 1,8 millones de euros aproximadamente).

Hablamos, sin embargo, de un artista semiolvidado por los grandes museos, que nunca se han detenido a intentar reunir una colección de piezas lo suficientemente notable en número para reconsiderar a Bugatti. La injusticia queda deshecha ahora con la gran antología de la Altenationale Galerie de Berlín. La pinacoteca pública alemana, parte del complejo de museos estatatales de la ciudad, muestra desde el 28 de marzo hasta el 27 de julio, la primera selección retrospectiva de la obra de Bugatti.

Con más de un centenar de esculturas de bronce, dibujos y documentos, la exposición “abre el camino a un brillante redescubrimiento” de un artista que “cayó en el olvido después de su muerte prematura”, dicen los organizadores. La exposición está montada con préstamos de museos de París, Washington y Amberes, pero la mayoría de las obras expuestas procede de colecciones privadas de Australia, Europa y los EE UU. Es redundante apuntar que parte de estas últimas obras nunca se habían expuesto en público.

Entre las esculturas hay animales muy infrecuentemente considerados como modelos por los artistas —osos hormigueros, tapires, marabúes, yaks, cóndores, canguros…—, introducidos por Bugatti por primera vez en la historia europea del arte y, desde luego, representaciones de los grandes felinos por los que sentía especial simpatía. El artista trabajaba al aire libre, esculpiendo frente a los recintos de los animales en los zoológicos e incluso dentro de las jaulas.

Bugatti era muy rápido y solía producir las obras en una sola sesión. El uso de las formas oscila entre el naturalismo, el expresionismo, el cubismo y el futurismo, pero sin perder la mirada curiosa de la belle époque por el mundo todavía exótico y opulento de los grandes mamíferos salvajes.

Diez años después la muerte de Rembrandt, su hermano Ettore utilizó la estatua de un elefante como mascota sobre el  radiador de uno de los coches más ambiciosos de la marca, el Bugatti Royale de 1941.

Springendes Känguru (Kangourou bondissant), 1907 - Privatsammlung - Foto: Peter John Gates)

Springendes Känguru (Kangourou bondissant), 1907 –
Privatsammlung – Foto: Peter John Gates)

 Rembrandt Bugatti im Zoo in Antwerpen, um 1908  Rembrandt Bugatti retratado en 1908 en el zoológico de Amberes (Foto: Rembrandt Bugatti Conservatoire)


Rembrandt Bugatti im Zoo in Antwerpen, um 1908
Rembrandt Bugatti retratado en 1908 en el zoológico de Amberes (Foto: Rembrandt Bugatti Conservatoire)

[Escrito para Artrend – 20 minutos]

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