Dave Heath, el fotógrafo de la soledad, muere en soledad

04/08/2016
 © Dave Heath - Howard Greenberg Gallery

© Dave Heath – Howard Greenberg Gallery

 © Dave Heath - Howard Greenberg Gallery

© Dave Heath – Howard Greenberg Gallery

 © Dave Heath - Howard Greenberg Gallery

© Dave Heath – Howard Greenberg Gallery

El autor de estas débiles fotos —la fragilidad es la primera emoción que salta a la vista en los cuatro personajes— acaba de morir en Toronto (Canadá) el mismo día en que cumplía 85 años. Vivía solo, sufrió una caída doméstica, fue traslado al hospital y falleció el 27 de junio por complicaciones derivadas del accidente. Se llamaba Dave Heath y las autoridades supieron algo de su vida por una amiga, la única que supo dar razón sobre quién era el anciano muerto en soledad.

No creo que nadie en el centro médico llegase a saber que aquel hombre fatigado que desde hacía un cuarto de siglo vivía en una autorreclusión estricta, había editado en 1965 uno de los libros de fotografía más lacerantes sobre el desamparo que a todos nos alcanza, A Dialogue With Solitude. Uno de los buenos colegas de Heath, el también anciano, huraño y fotógrafo —cada día veo más similitudes entre estos tres adjetivos— Robert Frank escribía en una carta añadida a la obra que los retratos son como “un viernes por la noche en el universo”.

En el libro, que hizo y rehizo durante cuatro años años con la parsimonia que les sobra a los ascetas y de la que quizá deberíamos tomar nota los ansiosos, Heath incluyó 82 imágenes. Entre unas y otras añadió cortos epígrafes literarios de autores como Yeats, Hesse, Rilke, Stevenson, Crane, Eliot… Una comparsa de afligidos. Gente de ojos tristes.

El fotógrafo sembró la obra de separatas que parecen biombos sentimentales: paz, amor, anarquía, violencia, niñez, vejez, guerra, juventud, muerte… Le gustaban las palabras básicas ¿Para qué hablar si tenemos a Rilke?

Heath creció en un orfanato y varias casas de acogida de la zona de Filadelfia (EE UU) hasta los 16 años. Sus padres le dejaron atrás cuando el niño tenía cuatro —no sabemos los motivos, pero el año, 1935, todavía en la estela negra de la Gran Depresión, quizá conceda algún indicio—. Quienes trataron a Heath estiman que siempre llevó consigo la orfandad como una cicatriz sin cura. Algunos de los retratos más ásperos de su producción abonan la tesis.

Fotógrafo sin preparación académica, pero con la imborrable experiencia de haber trabajado unos meses como ayudante de W. Eugene Smith, el padre del reportaje moderno y un ser humano también tullido en lo afectivo que buscaba la paz del alcohol y en las anfetaminas el combustible para poder vivir —aunque bastante poco, murió a los 59, derribado por un infarto—, Heath peleó en la Guerra de Corea, donde hizo fotos que mostraban a los soldados padeciendo la misma angustia que los civiles en las grandes ciudades. Te pongas o no el uniforme, eres el mismo saco de huesos.

Retrató a multitudes que pese a la compañía no desean interactuar, figuras solitarias perdidas en laberintos mentales, gente que parece alienada y a la que deseamos abrazar pese al convencimiento de que son insoportables y nada agradecidas y rechazarán el consuelo del gesto. Quizá el deseo de conexión del niño inclusero seguía vivo en el hombre y Heath tenía la capacidad para saber que también estás solo cuando estás acompañado.

En los escasos obituarios que he leído estos días abunda la tesis de que, aún siendo uno de los mejores retratistas de los años cincuenta y sesenta, Heat tuvo la suerte en contra porque “pasó su momento” y el interés por ver retratos de los demás “dejó de estar de moda”. Solo en los últimos años renació con tibieza el interés, gracias, sobre todo, a la labor de la siempre admirable Howard Greenberg Gallery, un refugio para la foto como espejo del corazón, y la celebración, en 2015, de la exposición Multitude, Solitude: The Photographs of Dave Heath.

Me pregunto qué ha pasado para que el estilo de ver a los otros con los mismos ojos de algodón con que deberías atravesar el mundo ya no sirve como modelo de mirada. Sospecho que una forma de ser horrenda y miserable se está apoderando de nosotros.

Hasta poco antes de morir, Heath estaba convencido de que no tenía a nadie en el mundo, de que el linaje se había quedado en los orfanatos. El año pasado, en un movimiento inesperado, entraron en contacto con él dos mujeres que, según cuenta The New York Times, resultaron ser sus primas, Bonnie Feinberg y Wendy Soslow, conocedoras de la existencia de aquel niño que acabó a los cuatro años en un orfanato e investigadoras tenaces.

Como en una película con final milagroso, en las habitaciones vacías del rey de la soledad había entrado la familia. Los contactos a distancia funcionaron, la ilusión era compartida y el par de primas tenía todo cerrado para viajar a Toronto y abrazar en persona a Heath. Habían previsto el encuentro para esta semana. Ahora asistirán a un funeral.

[Escrito para Trasdós]

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One Response to Dave Heath, el fotógrafo de la soledad, muere en soledad

  1. Pita on 25/08/2016 at 13:59

    Gracias por descubrir siempre.

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