Adiós, café con leche

19/01/2017

Obama

Te atravesaste en mi vida, presidente saliente de Babilonia, con más intensidad que otros de tu selecto club de comandantes en jefe de la policía militar del karma planetario —1,5 millones de soldados y 5.000 ojivas atómicas (que sepamos: dejas el sillón con la misma opacidad nuclear con que lo ocupaste)—. En la campaña electoral de tu primera elección compré a una simpática señora demócrata de Nueva York una chapa con un lema que resumía mi esperanza: Barack’n’Roll. Te parecías tanto a Sam Cooke, te sentaba tan bien la camisa blanca y la sonrisa de rey de la fiesta… Sin embargo, con tanta maña como es habitual en tu nación de comerciantes, resultaste ser un buen vendedor de automóviles usados. Viví tres años en los EE UU durante tu presidencia. Me seguía engatusando el valor de tu cordialidad, la forma en que bailabas con la deliciosa Michelle, cultivadora de zanahorias bio y, creo que lo sabes, mucho más perspicaz que tú, pero empezaste a surcar la senda de las promesas violadas como un yonqui más de la alta política: no cerraste Guantánamo; no legislaste la Seguridad Social con alcance universal; no regularizaste la situación de los 40 millones de latinos ilegales que mueven la economía y los servicios de tu país; no moviste pieza cuando nos enteramos, gracias al patriota Snowden al que marcaste como traidor, que tus hackers en nómina pública espiaban a cualquiera, a todos, con un plan de intromisión en la intimidad que avergonzaría a los padres fundadores; utilizaste con saña los disparos letales y anónimos de los drones en medio mundo; fuiste cobarde frente al lobby de las armas, cómplice de todas las grandes matanzas; no metiste en cintura el racismo policial; no pestañeaste ante las protestas de Ocuppy Wall Street sobre la brecha social y el desmoronamiento; perseguiste por delito fiscal a los despachos de marihuana médica legal mientras con la otra mano firmabas la continuidad de la Guerra contra las Drogas que desangra a tu vecino México… ¿Recuerdas cómo te recibieron los universitarios europeos, vitoreado como a una estrella pop? Sí, seguiste bailando como un galán, arrasabas en las cenas recaudatorias con los magnates de Silicon Valley, pero redujiste anhelos y esperanzas a una cuestión de formas, todo satén y postura. Ni Barack’n’Roll ni Barack’n’Soul: solo lívido café con leche de Starbucks.

[Escrito para 20 minutosPDF]

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